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ESCUELA PRIMARIA “CASA DEL OBRERO MUNDIAL”

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Mientras observo algunas fotografías de la escuela primaria “Casa del Obrero Mundial”, un sentimiento de tristeza invade mi alma. Veo las máquinas preparadas para iniciar su demolición y un nudo en la garganta me impide pronunciar palabra.

Las consecuencias de los sismos están a la vista, el edificio de este plantel, así como el de la “Leona Vicario” caerán en derrumbe y al final serán sólo escombros. A muchos nos ha causado pesar lo que está sucediendo con las escuelas y en lo particular la “Obrero Mundial”, considerado uno de los edificios referentes para los salinacrucenses, por su belleza arquitectónica, amplitud en sus instalaciones y los espacios adecuados para la formación de la niñez en tiempos pasados y presentes.

Y no es para menos, ahí estudié entre los años de 1955 y 1960. El edificio fue inaugurado en el año de 1946 construido durante el gobierno del presidente de la República general Manuel Ávila Camacho al mismo tiempo que el Palacio Federal, con el mismo estilo, también afectado por el temblor del 7 de septiembre pasado. La escuela fue el resultado de una lucha tenaz de los trabajadores del puerto, de verdaderos luchadores sociales cobijados por el Sindicato de Estibadores y Jornaleros C.R.O.M. y la Sociedad Cooperativa “Salineros del Marqués”, organizaciones identificadas en su tiempo como las pioneras en la defensa de los derechos laborales de sus agremiados. Entre los salinacrucenses que fueron promotores para la apertura de la escuela se mencionan a don Celso Muñoz, Medardo Gutiérrez, Ernesto Alquisiris y otros hombres de buena fe. Por eso el nombre del plantel está ligado al movimiento obrero de México y del mundo.

Antes de su construcción el plantel ubicado en el barrio Espinal funcionó en la casa de la señora Isabel Núñez, que después pasó a su hija Lucía “Lucha” Núñez, ubicada en la avenida del Trabajo, a un costado del actual edificio. Este testimonio lo ofrece el capitán Bartolomé López Ruiz exalumno de la escuela e integrante de la generación 1943-1948, agregando que en el domicilio referido se formaron tres salones y los profesores con gran esfuerzo impartían sus enseñanzas. Cuando se terminó la construcción de la escuela se agregaron más profesores y entre los primeros se anotan los siguientes: Amós Pérez, Gilberta López, Miguel Wébster López, Crisóforo Chiñas Mendoza, Isaías Guzmán, entre otros.

La imagen de los integrantes del personal actual presentes en el inicio de la demolición, con el llanto contenido asisten a un funeral al que nunca imaginaron. Ello da motivos de nostalgia y sentimiento de tristeza, pareciera que los que fuimos alumnos en tiempos pasados estuviéramos acompañándolos en tan difícil momento. Así lo han vivido los profesores Cristabel Salvatierra, Ivett Pérez Paulo, Yadira Sarait Sánchez de Paz, Elsa Mendoza Martínez, Guadalupe Antonio López, Marisol Palafox Sánchez, Crisálida Santiago Toledo, Rita de la Cruz Ramírez, Norma Martínez Rivera, María Magdalena Chaparro Muñoz, Marcela Cambrón Nava, Felipe Francisco Nieto, Isidra Martínez Acevedo, Luis Alberto Meléndez López y su director profesor Reynel Zárate Aguilar. No sólo se derrumba un edificio, con él se van muchos recuerdos de tantos años de servicio a la niñez del puerto.

En mi caso rindo un reconocimiento a mis maestros y a todos los que compartieron con mis compañeros de generación y aportaron sus enseñanzas. Logro recordar a los profesores Teodosia, Zoila Martínez Revueltas, Ranulfa Pacheco, Crisóforo Chiñas Mendoza, Catalina (Esperanza) Escobar Gutiérrez, Enrique Rodríguez Paulo, Álvaro Avendaño García, Jesús Villanueva Ramos, Rafael Gómez, profesor Aquino, Manuel Morales Santiago, Eduardo Kobe Allec, Julián Nahón Muriel, Cesáreo Toledo, Luis Castillejos, profesora Lidia, Pánfilo Robles Salinas, Ernesto Bautista, Santiago Paulo Ruiz, Rogelio Ruiz Pérez y otros más.
De todos ellos la niñez del puerto se nutrió de conocimientos y encontró las bases para emprender el camino de la vida. Sólo queda su recuerdo acumulado en muchas mentes y los ecos de sus voces guardados en las aulas que también se van convertidos en escombros para acompañar los restos de lo que por muchos años fue nuestra adorada escuela “Casa del Obrero Mundial”.

Entre muchos recuerdos llegan a mi mente lo que en su momento eran los amplios corredores en donde corríamos si temor a lastimarnos, en donde el maestro encargado daba la orden para que cualquiera de los alumnos saliera con una campanita a recorrer los amplios corredores o en su caso, con un fierro le diera rienda suelta a la fuerza de su brazo para atizarle al riel amarrado en el congo para anunciar el recreo para todos los alumnos. Esa fue mi escuela en donde muchos íbamos descalzos y sin uniformes para recibir las enseñanzas de nuestros maestros. El edificio también permitió que otras instituciones utilizaran sus aulas mientras sus instalaciones se construían. La Escuela Secundaria Federal del Istmo “Gabriel Ramos Millán” y la primaria “Leona Vicario” son parte del ejemplo de solidaridad de la escuela “Casa del Obrero Mundial”.

Cuando la escuela tuvo su primera banda de guerra, fue una novedad que un niño de baja estatura pero de enorme fuelle como Rogelio Bailón Rodríguez “Popo” fuera el primer comandante de la banda.
Recuerdos, muchos recuerdos, ahí quedan sepultados entre restos de ladrillos y cemento, pero al final serán parte de la historia de nuestra escuela “Casa del Obrero Mundial”.