05
Fri, Jun

El Maestro

Articulos
Typography

En un evento que asistí como profesor del Politécnico con motivo de mis 25 años de servicio, al iniciar el acto la representante del Srio de Educación Pública dijo al iniciar su discurso: El maestro es el sembrador de auroras, y añadió: Andrés Henestrosa.

La verdad es que el maestro siembra en el cerebro del niño, joven, una semilla que habrá de germinar en él y si persiste en su lectura y su aprendizaje, verá los buenos resultados de dicha luz que un día por un gesto, detalle, palabras...Le sembró su maestro para la edificación de su vida. A Tetis madre de Aquiles, llevó a su hijo para que lo educara para la guerra el centauro Quirón; Andrés Henestrosa fue a vivir a la residencia de doña Antonieta Rivas Mercado- hija del arquitecto constructor del Ángel de la Independencia-, que en ese año a fines del 24, vivía en una situación de pobreza sin tener donde dormir, y fue así que el pintor Manuel Rodríguez Lozano; le dijo a doña Antonieta Rivas, heredera de su padre don Antonio, aristócrata culta que hablaba varios idiomas, y para entonces vivía enamorada del pintor Rodríguez Lozano y éste le preguntó en una de sus visitas a su taller: tienes en tu casa un lugar para alojar a un niño pobre oaxaqueño que quiere estudiar?. La respuesta al instante fue: claro! Adorado Manuel que tengo ese lugar para ese niño.-- y es así que al día siguiente--, con las propias palabras que el maestro Andrés me dijo: Temprano vestido de traje con chaleco y leontina, yo, al lado del chófer salimos de la residencia de Antonieta ha cobrar sus rentas. Un giro en su vida, su fortuna, de no tener donde vivir; dormir en los cines por el rumbo de la Lagunilla: - mientras la gente salía de la última función...Yo entraba-, era mejor dormir bajo techo y no en la calle. Pasa el tiempo; doña Antonieta Rivas divorciada del gringo Blair, con su único hijo Donald Blair,- y ella casi 29 años de edad-. Su personalidad, su estatura de gran mexicana como promotora de la cultura, del arte, fundadora de la orquesta sinfónica de la CDMX, y mecenas de Salvador Novo y Xavier Villaurrutia, y promotora de obras en escena en el teatro Ulises que ella fundó. Esta semblanza de doña Antonieta la escribe el maestro José Vasconcelos en sus memorias, natural que bien escrito, porque Vasconcelos es el gran escritor y educador con quien ella tuvo relaciones amorosas por 1929. Volviendo al asunto de residencia del niño Andrés en la casa de doña Antonieta, donde él vivía, y era tratado como hijo a sus 19 años. Y él me contó que por las noches la señora le leía libros en francés, en inglés y en alemán, desde la fuente de la literatura. Qué fortuna! La de don Andrés; y un día en uno de los desayunos que tuve el honor de ser invitado por Donald Blair- hijo de doña Antonieta-, se lo mencioné. Y él dijo : mi madre fue muy dura,! Conmigo. Bien amigos, fue en el transcurso de su vivencia del maestro Andrés en la casa de doña Antonieta, que ella al oírle sus cuentos, leyendas, mitología en zapoteco, fue que ella le sugirió escribir. Que él los escribiera, y estuvo ella puntual en la realización de estos escritos y ya en volumen para un libro, fue que ella pagó al editor para su impresión y fue un regalo para el maestro Andrés en su cumpleaños, el 30 de noviembre de 1929. Estando ellos de gira en Monterrey acompañando a Vasconcelos en su campaña para la presidencia de México en 1929. En ese lugar se presentó el editor con el libro ya editado: Los hombres que dispersó la danza. Este libro lo compré en Porrúa y le pedí al maestro Andrés que me lo dedicara mientras íbamos en carro a comer con don Tomás López Lena, padre de mi bella prima Arabela. La dedicatoria decía así: Para don Armando Jiménez, amigo, pariente y paisano, este libro que escribí en mi juventud, ahora que inicia la juventud de mi vejez...Ciudad de México, 1976.. Hoy que es el día del maestro mi recuerdo y admiración a mis maestros Andrés Henestrosa, Arrigo Coen, y a mis maestros de primaria, secundaria, profesional; aquel que se llamaba Marco Polo que fue mi maestro en fisicoquímica en el IPN, que todas las mañanas se presentaba bien vestido, con corbata, y zapatos bien boleados e iniciaba su cátedra sin una hoja en la mano, deduciendo ecuaciones, fórmulas, con paréntesis de comentario chusco, de humor y llendo a lavanda con una amabilidad y sonrisa siempre. Amigos, felicidades! A los maestros y maestras en este día por su gran labor de siembra en la conciencia para la formación y germinación del buen ciudadano del mañana de nuestro querido México y querido Juchitán. Viva la educación!